sábado, 11 de abril de 2009

Sobre la calidad de la enseñanza

Espinoso tema el de la calidad en nuestras enseñanzas por lo ambiguo y equívoco de la expresión “calidad en la enseñanza” y, como consecuencia, por las posibles interpretaciones, generalmente atendiendo a intereses particulares y/o partidistas, a las que se presta.
La “calidad en la enseñanza” puede ser entendida como disponibilidad de los recursos materiales necesarios para desarrollar nuestras enseñanzas, infraestructuras apropiadas a los requerimientos de nuestras disciplinas (espacios adecuados para desarrollar la docencia, espacios comunes funcionales, tratamientos acústicos efectivos, condiciones térmicas estables, disponibilidad escénica, ...), confortabilidad en el aula, modernización administrativa, acceso a las TIC, incremento de las asignaciones presupuestarias para seguir mejorando infraestructuras y satisfaciendo las necesidades de recursos materiales de la comunidad educativa...
“Calidad en la enseñanza” también podría entenderse como el logro de una autonomía de centro suficiente como para poder reunir en torno a un proyecto educativo a los profesionales más cualificados, no impuesto por un absurdo régimen de la función pública, es decir, no condicionado a las ventajas y/o inconvenientes de las normas administrativas que rigen a los funcionarios, sino por la acción directa del equipo de gobierno de un centro e impulsado por las necesidades educativas y artísticas que exigiera dicho proyecto.
“Calidad en la enseñanza”, desde un punto de vista más global, alguien podría entenderlo como el logro y aplicación de la fórmula que permita la conciliación entre las EE.RR.GG. (Enseñanzas de Régimen General) y las EE.RR.EE. (Enseñanzas de Régimen Especial) y evitar a nuestros estudiantes el penoso desarrollo paralelo de ambas enseñanzas, o lo que es lo mismo, la implantación de una vez por todas del modelo de centro integrado de enseñanzas artísticas, previsto desde la publicación de la LOGSE (1990) y que, nadie sabe por qué (al menos el que suscribe estas palabras), sólo unos pocos centros han sido beneficiados (tampoco se sabe porqué esos centros y no otros) consiguiendo el status experimental de centro integrado de música o enseñanzas artísticas, como es el caso del Centro Integrado de Música “Vázquez de Mella” (Pamplona, 1991), del Centro Integrado de Enseñanzas Artísticas Padre Antonio Soler (San Lorenzo del Escorial, Madrid, 2003), del Centro Integrado de Enseñanzas Artísticas “Federico Moreno Torroba” (Madrid, 2006) y el Programa de Coordinación del Conservatorio Profesional de Música de Córdoba y el IES “López Neyra” (Córdoba, 2007). (Como sospecho que este tema puede despertar interés en algún lector, dedicaré un nuevo artículo a este asunto)
La “calidad en la enseñanza” también puede entenderse (y de hecho se entiende en algunas partes del territorio nacional) referida a la consecución de un lacónico incremento de mejora en los resultados académicos (los famosos planes andaluces de “en busca de la excelencia”: Programa de calidad y mejora de los rendimientos escolares en los centros docentes públicos).
“Calidad en la enseñanza” podría entenderse como el resultado o las consecuencias de la acción decidida y permanente de los órganos de coordinación pedagógica en función de la asunción y desarrollo pleno de todas sus atribuciones, es decir, coordinar pedagógicamente las distintas disciplinas que se imparten en un centro.
La “calidad en la enseñanza” alguien también podría entenderla como la situación derivada de la concepción del departamento didáctico como un grupo de trabajo donde surgieran y se desarrollaran proyectos de investigación, programas de mejora en la formación específica de la especialidad, iniciativas enriquecedoras para el conjunto del grupo y los estudiantes vinculados al mismo...
“Calidad en la enseñanza” puede entenderse simple y llanamente como aquella situación académica en la que a uno le dejen tranquilo y no le importunen con “molestas reuniones estériles”, “servicios inútiles” y horarios incompatibles con sus actividades “paradocentes”.
“Calidad en la enseñanza” podría consistir en propiciar la articulación de medidas para que los centros dispongan de mecanismos reales y eficientes para alentar y recompensar el trabajo bien hecho del profesorado.
La “calidad en la enseñanza” podría desprenderse de la implicación real y decidida de un servicio de inspección educativa liberado del lastre burocrático-administrativo en la consecución de la mejora permanente de un centro.
“Calidad en la enseñanza” se podría encontrar en la oferta y articulación de una enseñanza racional, integradora, acorde a los tiempos modernos, en la que las diferentes disciplinas no pugnan (curricularmente hablando) entre ellas, sino que se interrelacionan de manera armoniosa y proporcionada, cuya finalidad es la “culturización” del individuo y, en el mejor de los casos, una eficaz formación para continuar estudios superiores o su capacitación para el mercado laboral correspondiente con la consecución de este nivel académico.
“Calidad en la enseñanza” sería, para otros, elaborar un plan de estudios superiores que abordara las verdaderas necesidades formativas de cada itinerario y que tuviera un punto de partida en los tramos curriculares anteriores, algo que —hasta donde yo alcanzo a saber— no existe.
La “calidad en la enseñanza” cabría pensar que debería pasar por diseñar un sistema de acceso a la función pública muy diferente al actual y en el que se valoraran verdaderamente y de la manera más objetiva e imparcial posible las aptitudes, actitudes y los conocimientos del aspirante para ejercer un eficaz trabajo relacionado con la actividad docente (pero como hay mucho de qué hablar sobre este asunto, lo reservaré para un próximo artículo).
La “calidad en la enseñanza” podría pasar por evitar reformas epidérmicas y, en caso de ser realmente necesarias, realizarlas en función de un análisis de resultados, con unos objetivos claros de mejora del sistema, pensando en quien nunca se piensa paradójicamente, el alumno, y evitando con toda rotundidad “ornamentaciones curriculares”.
La “calidad de la enseñanza” podría encarnar otras muchas posibilidades cuyo tratamiento excede el marco de este breve artículo de opinión. Sin embargo, no voy a dejar pasar la oportunidad de manifestar lo que, esencialmente, significa para mí un escenario en el que la calidad de la enseñanza estuviera presente y su efecto se notara en las aulas y en los egresados de nuestros centros.
Desde mi punto de vista, el sistema educativo actual (en cuanto a enseñanzas musicales se refiere), está prematuramente especializado. Se entiende la necesidad de una especialización determinada cuando ésta ha sido precedida de una formación general básica que sirve de cimiento para poder construir sobre ella la rama o especialización en cuestión. Pero cuando la especialización se produce antes de la consecución de una sólida formación general, el resultado es que el individuo abarca muchos campos del saber concreto (de una disciplina en nuestro caso artística o instrumental) pero de manera deshilvanada, incoherente, de lo que se desprende una formación incompleta y difusa del saber en cuestión, llámese interpretación, composición, dirección, pedagogía, ... Quiero decir con ello que, no es que considere que se imparta demasiada materia (que también sería un tema de debate a abordar: lo esencial y lo superfluo de nuestras enseñanzas, lo que queda y lo que se volatiliza al poco de “memorizarlo”, lo que es verdaderamente sustancial para la formación musical de nuestros estudiantes, ...), sino que dicha materia está demasiado dispersa en demasiadas asignaturas y, para colmo, la última y flamante reforma, en vez de ir hacia esa concentración de contenidos, lo que hace es provocar una dispersión mayor de los mismos: a más asignaturas, más dispersión del conocimiento y más dificultad de coordinación curricular; a menos asignaturas, más concentración del conocimiento y más facilidad de coordinación curricular.
Mi concepto de la calidad de la enseñanza, antes que la “confortabilidad” del profesor en el aula, pasa por la coordinación curricular, idea que desarrollé a través de un grupo de trabajo del CEP de Sevilla con un grupo de profesores, y con el que se llegaron a interesantes conclusiones que, desgraciadamente, por motivos que aquí no vienen al caso, no pudieron llevarse a cabo. (Sin embargo, en breve, y en un nuevo artículo, desarrollaré las ideas principales de dicho proyecto por si pudiera ser de utilidad a alguna comunidad educativa del territorio nacional)
Una visión a corto plazo me sugiere que cada centro necesita una direccionabilidad educativa, fruto de la claridad de los fines educativos de cada tramo curricular, pero no me refiero a las finalidades del “papel curricular” (documentos curriculares), me refiero a la esencia del currículo, aquellos aprendizajes a los que sabemos a ciencia cierta que un alumno en un conservatorio tiene que llegar a conseguir, esa formación que siempre hemos deseado para nosotros (a veces conseguida, a veces anhelada, a veces autoforjada). Ese germen debe estar muy claro para los equipos directivo, técnico y educativos, pues esa es la meta de salida hacia una formación en la que los intereses docentes (individuales o de grupo) deben dejar paso al bien ajeno, a la consecución de la mejor formación posible de nuestros alumnos de la que seamos capaces, a pesar de las sucesivas reformas que se han producido y que se producirán.
¿Cuál sería el camino a seguir, después de vencer la inercia acomodaticia que proporciona la administración pública a quien no se ocupa de trascenderla o de hacerse inmune a ella? La cooperación interdocente, la coordinación de los currículos, la convergencia de las asignaturas, la integración de la síntesis de nuestras enseñanzas..., y la organización y el desarrollo del trabajo de grupo que ello supondría.
¿Utopía? ¡Posiblemente! Tomás Moro, Robert Owen, Saint Simon, ... también manifestaron sus utopías, y siglos más tarde seguimos hablando de ellos y de sus ideales, muchos de ellos aún por conseguir, pero —y de ahí mi esperanza en el ser humano y en su capacidad de trabajar en forma colectiva en pos de un ideal común—, algunos, aunque pocos, ya felizmente conseguidos.
Pero, y hablando a más largo plazo, de qué serviría este titánico esfuerzo en el “mundo medio” si la cantera de futuros profesionales (los estudios superiores) está a años-luz de estos planteamientos. La formación inicial del profesorado es un elemento fundamental para poder mantener el trabajo iniciado en los tramos iniciales de la enseñanza (Enseñanza Elemental y Enseñanza Profesional), si esta formación no es la adecuada, sometemos a las nuevas generaciones de estudiantes al destino irónico del destino, a la esperanza del premio anual de la lotería educativa (si al alumno le es asignado un buen profesor, que posiblemente no se haya formado aquí o, si lo ha hecho, pese más su vocación y su acción autodidacta que su formación académica), o al fracaso personal y profesional; y si, yendo más allá, analizamos el sistema que la administración educativa utiliza para seleccionar a los futuros docentes, podríamos concluir que hemos conseguido la cuadratura del círculo, o que hemos demostrado la teoría del absurdo educativo (¿¡!?).
Pero ambos poliédricos aspectos, la formación inicial del profesorado (estudios superiores) y el acceso a la función pública docente, serán próximos temas de análisis y debate.
Gracias por vuestra atención y vuestro valioso tiempo.
JAC

6 comentarios:

  1. La responsabilidad de cada una de las mejoras propuestas es casi exclusivamente del gobierno. Dado que en el gobierno trabajan aficionados( ya te digo yo que lo de trabajar es un eufemismo) efectivamente tenemos una utopía delante de nosotros. Habrá que esperar a que se vayan Rajoy, Zapatero y sus colegas para hablar de posibles esperanzas, ya que éstos, y su caterva de adeptos(exceptuando a alguno, que digo yo, alguno se salvará)tienen como única prioridad y actividad soflamar.
    Por gusto personal, creo que la calidad en la enseñanzas de música en conservatorios es la suma de cada una de las partes mencionadas en cada párrafo, y no son partes individuales, que sí llevan a error puesto que se quedan en definiciones incompletas. Pero esto quizás es por ser zurdo y tener modo de pensar divergente. Está muy bien el artículo y deberían tenerlo en cuenta en el gobierno.

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  2. Personalmente, yo comenzaría el comentario del artículo con las mismas palabras con las que éste empieza, “Espinoso tema el de la calidad en nuestras enseñanzas”, pues es cierto que la propia expresión posee cierto aire de ambigüedad a la hora de determinar qué es lo que supone trabajar por conseguirla en nuestros centros educativos. No quisiera mostrarme parcial o partidista (quizá a veces nuestra ideología política hace “empezar a pintar el cuadro” con un predeterminado “tinte”), así que es por ello que, como siempre intento hacer, voy a seguir, en la valoración del artículo y cuantos aspectos en él se refieren, mi propio criterio personal.
    [A modo de KitKat…] Quizá sean esa capacidad de autocrítica, de autonomía, y de propuesta de soluciones tras la correspondiente queja, las que me hacen sentir a gusto en mi orilla ideológica.
    ¡Comencemos!
    En primer lugar, y a modo de bandera de esta reflexión, me gustaría decir que en este caso la voz del autor es una voz que debe ser escuchada. Sin embargo, sin saber exactamente por qué, esto no ocurre. ¿Qué es lo que yo creo? Eso tendrá que esperar un poco (así me aseguro la lectura completa de mis lectores ), pues opino que primero debo hacer referencia a los aspectos que hacen que doña calidad de enseñanza sea una señora “dura de pelar” que parece “pedir” mucho para poder visitarnos.
    En primer lugar, me gustaría hablar sobre el “logro y aplicación de la fórmula que permita la conciliación entre las EE.RR.GG. (Enseñanzas de Régimen General) y las EE.RR.EE. (Enseñanzas de Régimen Especial) y evitar a nuestros estudiantes el penoso desarrollo paralelo de ambas enseñanzas”, pues, a pesar de que a día de hoy me dedico afortunada y exclusivamente a la Música, he vivido anteriormente (concretamente hasta el año pasado) muchos años llevando sobre los hombros (una expresión figurada, porque más bien se lleva sobre la mente y el cuerpo entero por el esfuerzo físico y psicológico que supone) el peso de unas enseñanzas paralelas rígidas, (aunque sí fructíferas y satisfactorias) y exigentes. Personalmente he tenido mucha suerte, en muchos aspectos, motivo por el cual no considero difícil la creación de centros integrados en los que las personas con talento, gusto y predisposición a la Música puedan acceder a una formación musical profesional y auténtica, dispuesta en orden preferente frente a otras enseñanzas generales (también necesarias para el enriquecimiento personal). ¿Por qué digo esto? Pues en mi formación, en muchos aspectos, he tenido mucha suerte por varios motivos:
    - Recibí una base musical, durante ocho años, inigualable, basada en la coordinación de materias, de manera que el aprendizaje de cada asignatura condicionaba positivamente a las demás; afortunadamente, mi tutora musical durante esos años fue Katalin Székely, profesora húngara que quiso, con razón, acercar a sus alumnos y alumnas a la concepción musical de su país, basada en la educación en centros integrados, en los que la Música siempre es lo primero. Evidentemente, por las circunstancias diferentes en España, Kati supo proporcionar a sus alumnos unos conocimientos musicales básicos de cabos bien atados (lo cual se consigue con la coordinación a la que también se hace referencia en el artículo).
    - Siempre recibí el apoyo y la compresión de la mayor parte de mis profesores de instituto, conscientes del esfuerzo que supone llevar dos importantes enseñanzas paralelas, y algo que es mucho más significativo, aceptando mi usual consideración de importancia para ambas enseñanzas. Es evidente que no fue en todos los casos, pero sí en una buena proporción.
    - El apoyo familiar, tan importante para las personas que realizamos esta carrera de fondo, siempre estuvo ahí para “recargar mis pilas”.
    Pero claro, mi caso es uno, y lo que es peor, es un caso excepcional. Hay pocas personas que hayan contado con esta calidad de enseñanza a la que yo he tenido la suerte de acceder (y hablando, claro está, de enseñanzas públicas), y de todas ellas, aún menos son las que han sabido verlo, apreciarlo y aprovecharlo (una pena). Entonces, ¿qué ocurre? ¿Por qué no conseguimos calidad de enseñanza para todos?
    En mi opinión, el principal, y recalco, principal y grave problema, está dentro de los centros educativos, que en nuestro caso son los conservatorios. La principal fuente de obstrucción educativa son los propios docentes, que al parecer pierden toda supuesta “vocación” con los años de trabajo (claro está, que se trata de una generalización, pues me siento obligada a reconocer honrosas excepciones como las del autor del artículo y otros poquísimos que he tenido la suerte de conocer). Me refiero a la falta de coordinación [¿cuántos alumnos y alumnas nos hemos sentido presionados por la sobre-exigencia de profesores de cámara (por ejemplo), obligados a descompensar el estudio de las demás asignaturas? ¿Cuántos hemos estudiado aspectos relacionados con la misma época en asignaturas distintas en momentos distintos del curso, desfavoreciendo el aprendizaje significativo? ¿Cuántos hemos estudiado lo mismo en dos años distintos? ¿Y cuántos nos hemos sentido a mediados de curso unos auténticos desconocidos para nuestros profesores/as, ignorantes de nuestras capacidades y nuestros expedientes académicos (que al parecer “no existen” o sólo sirven para acumular polvo)?] entre profesores, los equipos de trabajo docente, las personas que se dedican a enseñar, a transmitir conocimientos, tanto si es a las mismas (en cuyo caso la coordinación entre todos es, a mi parecer, aún más importante) como a distintas personas (coincido por tanto con José Antonio cuando habla de coordinación curricular). También he de hablar, siguiendo el hilo de la descoordinación, de la falta de criterios comunes a seguir, de manera, que, tal y como José Antonio dice en el artículo, (la frase que más me gusta del texto) “sometemos a las nuevas generaciones de estudiantes al destino irónico del destino, a la esperanza del premio anual de la lotería educativa”. O lo que es lo mismo, y tengo la suerte de poder contar con experiencias propias que dan fe de ello, los alumnos acabamos poniendo nuestra educación en manos del azar, dependiendo ésta de la suerte que tengamos con los profesores que nos guíen.
    Vayamos de menos a más, ¿por qué ocurre esto? ¿qué pasa con los profesores? Está claro que las cualidades, características y aptitudes y actitudes personales son las que determinan que un profesor sea capaz de concienciarse y percatarse de todo esto, e intente alzar una voz que sirva de gancho a otros compañeros que se encuentren rezagados. Pero más allá de esta cuestión, está la propia formación del profesorado (como podemos intuir, todo ello no es más que un círculo vicioso), que enseña según fue enseñado y según su propio criterio, a veces acertado, y generalmente, “demoledor”. ¿Acaso es la ley la culpable?...
    ¡Terreno con curvas!
    La ley. Está claro que una buena ley educativa es el principio de una buena educación, y vuelvo a recalcar, principio. Si el camino que ésta inicia no se sigue, o lo que es aún peor, el inicio del camino es más bien erróneo, o poco conveniente, es evidente que el proceso educativo se queda en un simple humo que fácilmente puede desaparecerse. Hablemos con propiedad. ¿Es la LOE una ley inadecuada? Posiblemente. Personalmente yo no la llamaría una ley inadecuada, sino una ley descafeinada . Una ley que intenta prepararnos para la vida, pero quizá olvidando aspectos fundamentales. El año pasado, mientras cursaba mi primer y último año (¡qué paradoja!) de Magisterio Musical, tuve la oportunidad de conocer esta ley, de compararla con otras tantas, y aunque personalmente prefiera la LOGSE (aunque hoy en día no hay muchos títeres con cabeza que hablen bien de ella), creo que el hecho de haber intentado crear una ley que contente a todos (ley descafeinada), y más aún, a un sector opuesto que por mucho que intentemos contentar, siempre verá la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio, ha dado como resultado una ley que descuida, como ya he dicho, algunos detalles. No obstante, tiene muchas cosas positivas. Pero no estamos aquí para hablar de la LOE, aunque sí de la relación que guarda con la calidad de enseñanza en nuestros conservatorios. Intentando resumir mucho, yo diría que el fallo vuelve a estar en ese “inicio del camino” que constituye la ley. Me remito aquí al comentario publicado en el Blog de JAC sobre el artículo que comento, donde se escribe (cito textualmente) “La responsabilidad de cada una de las mejoras propuestas es casi exclusivamente del gobierno”; es cierto que el gobierno posee la máxima responsabilidad (la que seguramente no todos aceptaríamos a la hora de la verdad) en el momento de aprobar y elaborar una ley, pero no podemos olvidar un matiz sutil: el gobierno, la administración, contacta con la comunidad educativa, con los sindicatos, con personas que supuestamente son conocedoras, por el contacto día a día, de la situación de la educación en los centros, quienes tienen el poder de proponer y elegir qué es mejor para la enseñanza. Este contacto e intercambio de ideas debe producirse para que la ley pueda empezar a tomar forma. Y es en este punto donde profesores como el autor de este artículo o maestros como mi madre, al conocer las reformas de las nuevas leyes, pueden preguntarse irónicamente ¡¿y a quiénes han preguntado?!
    Y aquí era donde yo quería llegar. El punto al que hacía referencia en uno de los primeros párrafos; quizá el problema esencial que impide que nuestros centros ofrezcan una buena calidad de enseñanza sea el hecho de escuchar a voces conservadoras que rehúsan de trabajar en pos de un ideal común que abogue por ideales comunes cuyo objetivo primordial sea conseguir no sólo que los alumnos reciban una educación de calidad, sino que, tal y como también hace referencia José Antonio Coso en el artículo, también los profesores se formen para que la (cito) “teoría del absurdo educativo” se quede en eso, un simple absurdo. Hay que oír las voces valiosas, las que “gritan civilizadamente” las verdades que la administración necesita escuchar, que todos necesitamos escuchar.
    Seguramente me deje muchas cosas en el tintero (aunque con estas nuevas tecnologías… la expresión se queda un poco obsoleta), pero siempre hay tiempo de volver a reflexionar. Además, no me he quedado del todo conforme con mi explicación de la idea que desarrollo en el párrafo anterior.
    Un pequeño apunte: a veces son las Utopías las que hacen que quienes pensamos en ellas no perdamos la ilusión…
    Para terminar me gustaría felicitar a José Antonio Coso Martínez por el artículo, porque supone un ejemplo de reflexión docente a seguir. Muchos pensarían que trabajando las horas que se les exige dar y ganando su sueldo, las preocupaciones de este estilo quedan reservadas para una simple “caterva de adeptos”.

    (faltan algunas notas y dibujos que al copiar desde word no se adjuntan)

    ¡¡Un saludo!!

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  3. Bueno, yo después de llevar más de diez años en un centro de música profesional, y ver la evolución de éste, creo que tampoco se puede decir que los centros de educaciones musicales y artísticas hayan avanzado poco, con esto me refiero a que usted exige, disciplinas (espacios adecuados para desarrollar la docencia, espacios comunes funcionales, tratamientos acústicos efectivos, condiciones térmicas estables, disponibilidad escénica…).
    Algo que creo que el centro donde cursamos nuestros estudios ya a conseguido, pero claro que se podría mejorar, pero es algo muy complejo que no se consigue fácilmente, y además tenemos que pensar que somos una minoría, yo creo que es mejor que sigan invirtiendo en mejorar la enseñanza en los C.P. porque creo que se conseguiría mucho más. Y También pienso que nuestros profesores del centro no son tan malos ni creo que los de un futuro salgan mal preparados, porque su amplitud de conocimientos consta a la hora de sacarse unas oposiciones, lo que sí que veo mal es que no traten con niños y que puedan desconocer el significado de una unidad didáctica, como lo tenía yo antes de entrar en pedagogía, (asignatura cursada por usted). Pero por lo demás tengo que decir que no creo que salgan mal preparados de los estudios superiores que se realizan en estos momentos.
    También usted trata de que a los alumnos de conservatorio deberíamos tener un centro especializado donde pudiéramos cursar tanto un estudio general como un musical, pero yo creo que así nunca aprenderíamos ni la mitad que debiéramos de aprender en un instituto, porque entonces habría que suprimir muchas asignaturas, o eso se convertiría en un internado donde tendrían que estudiar los estudiantes mucho más de 8 horas al día, y quiero decir esto porque habrá alumnos que estén cursando el grado profesional de música y no quieran dedicarse a esto y tengan otras aspiraciones, por lo que cuando acabaran el sistema de estudios planteado por usted (o eso creo yo), los alumnos estarían tan absortos en muchas de las asignaturas que serían tan comunes para los otros, que no tendría base ninguna para poder estudiar otra cosa que no fuera la música, por lo que llevaría a un futuro profesor obligado a ganarse la vida en un tipo de enseñanza que no quiso cursar, (quiero resaltar que esta es mi opinión y que su idea es muy interesante, pero siempre hay que ponerse en lo peor).
    Respecto a lo que usted comenta del trato a los profesores hay no podría opinar aunque creo que está poco valorado. También estoy totalmente de acuerdo con aquello que hace referencia a que algunos están prematuramente especializados, lo que consigue una mala formación o una formación incompleta, por lo que sería muchísimo mejor que hubiera una concentración de contenidos, porque al tener que abarcar los alumnos tantas asignaturas lo que hace es que una materia se divida entre 2 o 3 docentes por lo que al final lo que hay es mas dificultad de coordinación entre estos y los alumnos son los que salen perdiendo, la verdad es que si hubiera muchos mas profesores se podría lograr hacer el tipo de enseñanza educativa musical que hay en Inglaterra, que aunque siempre discrepe de esto diciendo que es una utopía, lo veo que es la mejor opción. Ya que con este modelo de enseñanza sería el profesor del instrumento el maestro de todas o casi todas las asignaturas que se desarrollan a lo largo de la carrera musical.
    Sobre la dirección educativa del centro estoy totalmente de acuerdo que sería algo imprescindible que delimiten los fines educativos de cada tramo curricular, pero también estoy conforme con usted en otra cosa, y es que es una utopía.
    Y la verdad desconozco la formación que tienen los estudiantes “del superior”, pero creo que no será tan mala cuando al fin y al cabo algunos acaban sacándose unas oposiciones, pero bueno creo que todo aquello que se pueda mejorar en los sistemas educativos ya sean de centros de formaciones artísticas o generales bienvenido sea, pero siempre recordando que realizar un cambio de ley o una nueva no es nada de fácil, pero bueno espero que se consigan cumplir muchísimos de los temas que se plantean en este artículo ya que son muy interesantes y solo buscan la mejoría del sistema educativo y una gran ayuda para el estudiante en lo que a su formación se refiere.

    Alejandro Rivera Muñoz

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  4. Parece muy fácil decir, sí, propongamos reformas educativas, seguro que se llevarán a cabo, llevemos como actividad extraescolar al niño al conservatorio, así nos lo quitaremos de casa, si una persona puede llevar dos cosas simultáneamente, podrá llevar a la larga mejor su vida, podrá administrarse mejor que otros, podrá ser más feliz... Son cuestiones que se plantean los padres a la hora de llevar a los hijos a un conservatorio, a no ser, claro está, que el niño lo haya pedido anteriormente. Aferrémonos a la mayoría, a esa mayoría aplastante que hace que tengamos que conformarnos con todo. Esa mayoría es la que utiliza el conservatorio como una “guardería”.
    Bien, el problema surge cuando al niño le empieza a gustar el tema del conservatorio. ¿Qué es lo que pasa entonces? Descubrimos que hay muchísimas cosas que hacen que eso siga siendo una actividad extraescolar, pero una actividad extraescolar un poco más compleja que el karate o el judo, o las clases de cerámica. Estas clases son como un segundo colegio, una segunda facultad, a la que asistir, estudiar, sacar buenas notas y aprender lo máximo sigue siendo lo principal, igual que en el colegio.
    Cuando uno ya es mayor, o por lo menos es un poco mayor como para empezar a pensar por sí solo, piensa en las posibilidades que puede tener en la vida, en lo que terminará ejerciendo, en si está aprovechando al máximo sus posibilidades... ¿piensan en eso los padres que llevan a sus hijos a los “conservatorios- guardería”? Con algunas supuestas y seguro muy limitadas excepciones, podríamos decir que no. He aquí uno de los grandes motivos por los cuales somos calificados como una minoría, aquellos que como nuestro profesor, creemos que se debe mejorar el sistema educativo, así como la calidad de la enseñanza.
    No queremos diferentes interpretaciones de calidad de enseñanza, queremos una única interpretación: queremos un proyecto educativo que cree a profesionales más cualificados, los cuales puedan compaginar el hasta ahora penoso desarrollo paralelo de dos sistemas educativos que parecían no tener nada en común, nada, incluida la persona que los realiza.
    Para que esta ya llamada por otros “utopía” se lleve a cabo necesitamos del apoyo incondicional de la dirección de los centros en los que se quiera impartir el modelo académico.
    Tenemos por una parte el laborioso trabajo de chinos de coordinar pedagógicamente las distintas disciplinas que se imparten en el centro.
    Ciertamente no sé si en todos los centros de España se está impartiendo el modelo que tenemos nosotros ahora, el modelo que hace que pasemos casi el doble de tiempo en el conservatorio, y cursemos asignaturas prácticamente iguales. Digo que no se con certeza si se está cumpliendo el modelo, porque como no se lleva con lupa el tema de los conservatorios, tanto para lo bueno como para lo malo, podemos tener a sus vez algunas ventajas entre tantos inconvenientes.
    Pongamos por caso el supuesto de no cumplir el modelo de la nueva reforma, ¿qué pasaría? ¿Nos demandarían? ¿Nos obligarían a poner la nueva reforma “epidérmica” vigente? Lo que haría que nos hicieran caso de una vez sería poner nosotros el modelo que nos pareciera y cuando viniesen a reclamar, hacer una revuelta popular o algo de eso (perdón por la imaginación pero es que tengo el examen de historia la semana que viene y como lo tengo el mismo día que el de análisis o de historia de la música, tengo que ir adelantando como pueda).
    La cosa es, bromas aparte y fuera toda propuesta caprichosa, que NECESITAMOS esa nueva reforma que nos convierta, o al menos a generaciones futuras, en unos profesionales bien formados y que no nos tengan por un valle de lágrimas cada vez que pensamos en la selectividad o en los exámenes finales cuando nos coincidan con exámenes del conservatorio.
    ¿Quién sabe si esto llegará al final a oídos de algún ministro de educación? ¿Quién sabe si al final esto sólo quedará en un foro al que asista algún friki? Nunca sabremos si esto en lo que pensamos podrá dar resultados hasta que lo veamos, pero lo que sí que no podemos hacer es no hacer nada.
    Aunque sea para poco, cada esfuerzo cuenta, cada pensamiento cuenta, y si al final tenemos muchos esfuerzos juntos, podremos hacer realidad alguna de estas utopías, porque seguro que fue de esta manera como otros proyectos, en el momento utópicos, se lograron llevar a cabo. No digo que Tomás Moro o Saint Simon se metieran en un foro o en un chat a hablar de sus pensamientos, sólo digo que poco a poco creo que nos llegaremos a abrir un huequecito, y los no interesados hasta el momento, llegarán a interesarse por la calidad de la enseñaza.
    Sin más me despido, no sin antes hacer ver al escritor del artículo lo agradecida y lo arropada que me he sentido siempre al ver las opiniones diversas que ha generado sobre opiniones, entre las que me incluyo, que a más de uno le han ayudado a sobrellevar mejor algunos momentos ya sea del curso académico, ¡o de los exámenes globales!
    Un saludo
    Nora Dorado Pérez. 6º Grado Medio, o profesional o lo que sea...

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  5. Belén Moreno Domínguez21 de mayo de 2009, 5:11

    Cuando estudiamos un tema, lo primero que debemos hacer es definir cuáles son los conceptos claves. El problema, es que, como tú bien has expresado, no sabemos con certeza qué es la calidad de la enseñanza. Difícilmente vamos a poder cambiar una realidad si ni siquiera sabemos definirla correctamente. Y aquí nos encontramos ya el primer obstáculo para conseguir una buena calidad de enseñanza, aunque pueda parecer un mero aspecto verbal, el ser humano vive en una realidad lingüística en la cuál sólo conoce los fenómenos nombrándolos. Tú has manifestado la carencia de una definición clara, y creo que es bueno empezar por ahí, si bien opino que has abusado del recurso de la anáfora, que queda un poco desgastado, al ser utilizado un mayor número de veces de las que habrían sido necesarias para captar la ambigüedad que pretendías expresar, lo cual genera un cansancio para el lector, que incluso puede perder el interés y dejar de leerte. Pero no nos perdamos en aspectos formales.


    Aun si supiéramos definir a la perfección qué es la calidad de la enseñanza, no podemos negar que en ella se encuentran una gran variedad de colectivos involucrados: desde los profesores, los políticos, los legisladores, los alumnos e incluso sus padres. Con ello, añadimos otro obstáculo al objetivo de alcanzar una buena calidad en la enseñanza. Por ello, creo la palabra clave que resume todo el contenido de este artículo es COORDINACIÓN. Si analizamos cada uno de los párrafos, en el fondo siempre encontramos este mismo concepto: coordinación entre profesores, coordinación entre asignaturas, coordinación entre las distintas enseñanzas… En cierta manera, es relativamente sencillo deducir que esta es la solución a todos los problemas planteados en torno a la enseñanza. Nos encontramos ante una realidad polimórfica, variada incluso en cuanto a su definición, ¿Qué hacer? No quedarnos con una parte y rechazar lo demás, sino tratar de integrarlo todo.


    Hablas de que quizá esto es un sueño utópico. Tal y como está planteado, sí. Hay que ser conscientes de que una reforma (o como se quiera llamar) de tal calibre como la que se plantea en este artículo no se puede construir fácilmente. Creo que lo que aquí se nos ofrece está bien como discurso que expresa una opinión, pero si lo que realmente queremos hacer es promover un cambio, es necesario proponer soluciones prácticas, reales y concretas. De esta forma, pasaríamos de un sueño utópico a una meta factible, quizá improbable pero no imposible.


    Quería profundizar sobre el tema de los centros integrados. Lo primero que se me viene a la cabeza es ¿Tendrían muchos alumnos esos centros? Lo segundo, y aún más importante ¿Cómo llegarían los alumnos allí? ¿Por decisión propia? Hay que tener en cuenta que hablamos de niños, niños que no tienen por qué saber a qué van a dedicarse en un futuro, y creo, que en cualquier caso, la decisión tiene que ser suya. Claro que para que los alumnos puedan decidir de una forma madura, se necesita una mínima edad. Entonces, ¿A partir de cuándo los alumnos formarían parte del centro integrado? ¿No sería ya tarde? Por otra parte, hay que tener en cuenta que no se pueden descuidar aspectos básicos de educación a nivel general. Creo que esta propuesta debería ser estudiada al detalle, para evitar que el alumno vea limitada su capacidad de decisión y/o su nivel cultural básico. A pesar de todo, es cierto que es necesario coordinar (coordinación, una vez más) los diversos tipos de enseñanzas que cursamos los alumnos, creo que ese aspecto es uno de los que más mejoraría la situación actual. Lo que me sorprende es cómo podemos llegar hasta aquí compaginándolas con tan buenas calificaciones, (¡al final va a ser cierto lo del Efecto Mozart!)


    Resumiendo, creo es que es necesario y vital un cambio a mejor en la enseñanza. La educación es un elemento crucial para el hombre y como tal debe protegerse continuamente. Te felicito por tu artículo pero sobre todo por tu profunda preocupación y compromiso, estoy segura de que tus ideas serán escuchadas.

    Un saludo

    Belén

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