domingo, 8 de marzo de 2009

Más sobre aprendizaje instrumental y experiencia escénica

Respuesta a las inquietudes de un compañero
(en referencia a un comentario sobre mi anterior artículo)
A raíz de la publicación de mi último artículo “Experiencia escénica y aprendizaje instrumental”, he tenido la satisfacción de recibir, entre varios, un comentario de un compañero (Camilo Irizo) solicitando más información sobre el citado asunto, a través de una serie de preguntas que, al ser de utilidad general, me gustaría pasar a contestar en este nuevo artículo; comentario que, con el permiso de su autor, trascribo a continuación.
(Trascripción del comentario)
Hola JAC. Enhorabuena por el artículo. Me surgen algunas preguntas que posiblemente te den para otro, como ¿por qué realmente los alumnos no se suben al escenario? ¿no somos sus profesores un poco culpables? ¿tendemos a creer que son una prolongación de nuestro saber en el escenario y por tanto susceptibles de ser criticados por nuestra labor? ¿no hacemos víctimas, muchas veces, a nuestros alumnos de nuestros miedos personales? ¿qué solución práctica podemos ofrecer ante el miedo escénico? ¿de hecho, podemos ofrecer soluciones si a veces ni siquiera controlamos mínimamente los profesores?
Saludos y a seguir para adelante.
Camilo


CAMILO: ¿Por qué los alumnos no suben al escenario?, ¿no somos los profesores un poco culpables?
JAC: Bueno, desde el punto de vista académico, la responsabilidad de la organización curricular de la clase la tiene el mismo profesor y el departamento, en cuanto que en la programación didáctica de la asignatura tienen que estar presentes elementos curriculares referidos a la interpretación en público, ya que la normativa reguladora de nuestras enseñanzas así lo establece; a saber: en el Decreto 241/2007, por el que se establece (...) el currículo de las enseñanzas profesionales (...), su art. 5 (Objetivos específicos), parágrafo m) dispone que Las enseñanzas profesionales de música deberán contribuir a que el alumnado adquiera las capacidades siguientes: a)..., b)..., m) Actuar en público con autocontrol, dominio de la memoria y capacidad comunicativa.
Desde el punto de vista de la acción docente, se trata de tomar conciencia de la importancia de la experiencia escénica en la formación instrumental del alumno. Pero ello no implica únicamente la realización de dos o tres audiciones de alumnos a lo largo del curso académico. Nos encontramos ante un trabajo permanente en la enseñanza y el aprendizaje de este área formativa, lo que supone hacer tomar conciencia al alumno desde el primer momento que el escenario debe estar presente en su preparación como instrumentista. Desde esta perspectiva, de nada sirve la omisión de la actividad escénica de la dinámica del aula de cada profesor restando oportunidades escénicas a los alumnos, tampoco se trata de hacer actividades escénicas "porque hay que hacerlas", ni limitar la preparación de un concierto a fijar una fecha, elegir un espacio escénico, seleccionar a ciertos alumnos, asignarles una o varias obras del repertorio y hacer unos carteles publicitarios. No, eso no es suficiente. Recordemos nuestra propia experiencia en este campo, posiblemente también deficitaria a lo largo de nuestra formación profesional. Y si no, demos respuesta a las siguientes preguntas:
  • ¿Hemos recibido algún tipo de indicación a lo largo de nuestra carrera para "sobrellevar el hecho escénico"?
  • ¿Se nos preparó psicológicamente para ello?
  • ¿Se nos hizo tomar conciencia de la trascendencia de ello en nuestro futuro profesional?
Ojalá me equivoque y alguno de los lectores conteste afirmativamente a las anteriores preguntas, porque en lo que a mí concierne no lo es así. Estoy totalmente convencido que el escenario debe ser una extensión del aula, es decir, que además de dar nuestras clases en el aula, los estudiantes de cualquier especialidad instrumental deben EXPERIMENTAR LAS SENSACIONES del escenario -evidentemente después de alcanzar cierto grado de control técnico y musical en la obra que se está trabajando para tocar en público-, pero incluso eso no es suficiente, debemos preparar al alumno psicológicamente mediante ejercicios y experiencias de concentración, técnicas de estudio en casa, pruebas en clase, en el escenario, intercambio con otros profesores,..., es decir, debemos enriquecer nuestras estrategias como docentes para ofrecer al alumno una amplia variedad de posibilidades para que, más bien antes que después, VIVA, EXPERIMENTE, SIENTA el escenario y la experiencia escénica como algo natural, incluso más que eso, como algo especial, algo mágico, una oportunidad que no se debe dejar pasar pues es el "hábitat natural" donde el intérprete o, como es el caso que nos ocupa, el estudiante-intérprete puede expresarse musicalmente y compartir con el público su experiencia musical.

CAMILO: ¿Tendemos a creer que son una prolongación de nuestro saber en el escenario y por tanto susceptibles de ser criticados por nuestra labor?
JAC: Me imagino que habrá muchas excepciones, pero me atrevería a decir que, como ocurre en otras facetas de nuestra labor como profesores de especialidades instrumentales, damos por supuesto cosas que, en la mayoría de los casos no tienen fundamento. Es muy común que lo obvio para el profesor, no lo sea tanto para el alumno, y la experiencia escénica quizás sea una de estas "obviedades". Damos por supuesto que los alumnos tienen la preparación psicológica para afrontar una "situación especial", o ignoramos que algo así sea necesario para nuestros alumnos, o sencillamente argumentamos que el escenario es para curtirse, sin más, o cosas parecidas. Bajo mi punto de vista todas ellas son actitudes equivocadas y muy alejadas de producir motivación o estimular la autoestima del estudiante como músico y como persona. Por lo tanto, creo que si como tutores no hemos trabajado en este sentido con nuestros alumnos, no tenemos autoridad moral para reprocharles una mala actuación por nervios o por cualquier otro motivo paramusical.

CAMILO:¿No hacemos víctimas, muchas veces, a nuestros alumnos de nuestros miedos personales?
JAC: Al igual que en la contestación a la anterior pregunta, no me gustaría generalizar. Pero sí es verdad que, a falta de una formación pedagógica inicial, es decir, ante la nula formación pedagógica que se ofrece en los conservatorios superiores, incluso hasta en la actualidad, nos encontramos que la única referencia pedagógica que tiene el docente es la experiencia adquirida de sus profesores. Y el problema no está solamente ahí, sino que cualquier profesor, por muy bueno que sea o haya sido, no deja de pertenecer a la condición humana y como tal, en su cotidiano hacer, puede haber cometido errores -involuntarios, pero errores- que se han trasmitido de forma automática al "saber pedagógico" del futuro profesor. Y aquí es donde debiera intervenir la capacidad de reflexión del docente para realizar una selección de las experiencias que hayan sido detectadas como satisfactorias, o aquellas que no deben incorporarse por su poca, dudosa o nula eficacia. Y por ello, es verdad, que a veces sin querer estamos perpetuando errores que ya nuestros profesores heredaron de los suyos.

CAMILO: ¿Qué soluciones prácticas podemos ofrecer ante el miedo escénico?, ¿de hecho, podemos ofrecer soluciones si a veces ni siquiera controlamos mínimamente los profesores?
JAC: Empezando por la segunda pregunta, considero que sí, si podemos y debemos ofrecer soluciones a nuestros alumnos. Bajo mi punto de vista, hay algo muy interesante en la educación y es que la mejor enseñanza que puede recibir un alumno de su profesor es la experiencia directa de éste último. En el caso de la experiencia escénica me atrevería a decir que todos los profesores de especialidades instrumentales tienen algo que enseñar, aunque, naturalmente, ese algo puede ser susceptible de enriquecerse y ampliarse con la investigación, la literatura sobre la materia, la experimentación propia, el intercambio de experiencias con profesionales compañeros, los conocimientos de los expertos en el asunto y cuanta información caiga en nuestras manos.
Y en cuanto a la primera pregunta, deberíamos empezar por comprender o, al menos intuir, la amplitud y profundidad del tema que estamos tratando, como para incorporarlo en nuestro sistema de enseñanza en cualquiera de los niveles educativos que nos toque impartir. Es decir, considerar la experiencia escénica como un elemento inherente al aprendizaje instrumental, y no sólo desde la perspectiva docente (enseñanza), también desde la discente (aprendizaje).
Desde el punto de vista del día a día en el aula, es fundamental comprender que no es este un asunto en el que aplicando una fórmula o técnica vamos a conseguir resultados inmediatos, no, y es más, me atrevería a ir más lejos, la naturaleza humana —desde su perspectiva psicológica— se expresa en cada persona de forma desigual y, por lo tanto, el intento de aplicación de medidas generales para un grupo de alumnos puede ser muy discutible en cuanto a la eficacia en los resultados. Quiero decir con esto que, al margen de las pautas esbozadas en el artículo “Aprendizaje instrumental y experiencia escénica”, la solución práctica por la que preguntas pasa necesariamente por el trabajo diario y personal con cada alumno. Para ello, toda la información que podamos recabar, percibir, intuir sobre la forma de ser de cada alumno es vital para darle a cada uno lo que más necesita. Hay alumnos —la gran mayoría— que necesitan una buena dosis de autoestima; otros necesitan superar experiencias escénicas nefastas; otros lo único que necesitan es una orientación sobre aspectos básicos para dominar el hecho escénico; otros necesitan saber que para subirse a un escenario, además de la preparación psicológica y emocional, deben estudiar mucho más de lo que estudian para conseguir un mínimo dominio de la obra, ...
Como se puede apreciar, este trabajo no tendría sentido unas horas antes del concierto, es una dinámica que debemos incorporar en nuestras intenciones educativas e integrar inmediatamente en el aprendizaje del alumno hasta que éste alcance la asimilación plena de estos conocimientos, desde el punto de vista teórico, y, fundamentalmente, desde el punto de vista de la experiencia directa. Por ello, es impostergable ofrecer a nuestros alumnos la oportunidad de poder desarrollar y madurar su experiencia en el escenario permitiéndoles, con la mayor frecuencia posible, participar en audiciones, conciertos de alumnos, y cuanta actividad académica sea posible.
Espero, con estas leves pinceladas sobre el tratamiento de la experiencia escénica en el proceso de aprendizaje instrumental, haber contribuido, aunque sea mínimamente, a dar respuesta a tus preguntas, estimado Camilo, y deseo que pasado algún tiempo podamos compartir la validez de estas propuestas.
Recibe un cordial saludo,
JAC

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