miércoles, 10 de agosto de 2016

¿Es necesaria una guía para el estudio instrumental?

Acabo de incluir en mi blog una “Guía para el estudio pianístico” que utilizo para mis alumnos de Piano con el fin de complementar las indicaciones que a cada uno de ellos doy en el aula y, de esta manera, facilitarles el complejo y comprometido proceso de aprendizaje en casa al que, curso tras curso, se enfrentan.

Sin embargo, revisando el contenido de la entrada, observo que es perfectamente aplicable a otras especialidades instrumentales -haciendo, claro está, una mínima reconversión por parte del lector de las características específicas y peculiares de cada instrumento, cambiando las del piano por las del suyo propio-, ya que la esencia del sistema es genérica y aplicable a cualquier instrumento teniendo en consideración la precaución antedicha. Por tal motivo, en el título de la entrada he cambiado el término "estudio pianístico" (que aparece en la guía) por el de "estudio instrumental" para dar a entender la universalidad de su aplicación.

A continuación, hago una introducción muy similar a la de la guía realizando unos pequeños cambios encaminados a la generalización de su aplicación. Si dicha introducción despierta el interés del lector, puede acceder al documento completo buscando el enlace correspondiente en la barra lateral de este mismo blog.

Introducción a la guía para el estudio instrumental

Tres son las competencias específicas que el alumno ha de desarrollar en el proceso de aprendizaje de cualquier instrumento:
  • Competencia interpretativa
  • Competencia escénica
  • Competencia autoformativa
El grado de consecución de cada una de estas tres competencias estará determinado por la forma en que se desarrolle el proceso de enseñanza y aprendizaje, en el que el docente tiene su parte de responsabilidad, y el alumno y su familia tienen la suya. En dicho proceso confluyen multitud de aspectos, musicales y extramusicales -lectura, análisis y comprensión estructural, memoria, digitación, articulación, dinámica, velocidad, sincronización, igualdad, fraseo, calidad de sonido, musicalidad, estilo, expresión, convenciones interpretativas, educación auditiva, estudio histórico, habilidad emocional y escénica, organología…-, amén de los pormenores técnicos de cada especialidad instrumental, y los ejercicios de estiramiento y calentamiento previos a cualquier actividad instrumental, aspectos todos ellos que, tratados de forma planificada y sistemática, pueden dar excelentes resultados en breve tiempo, en cuanto al rendimiento se refiere -relación entre el tiempo de estudio y los resultados conseguidos-, además de inculcar en el estudiante hábitos adecuados y eficaces de trabajo a lo largo de su vida musical.

El hecho de hacer un planteamiento inicial en el que se dé tanta importancia a la planificación y al sistema de estudio, es perfectamente justificable al tomar en consideración la naturaleza de la disciplina instrumental, en cuanto que:
  1. Una gran cantidad del tiempo dedicado a su aprendizaje se desarrolla fuera del aula.
  2. Todo ese tiempo el alumno se encuentra sólo ante el instrumento y la partitura, sin más orientaciones que las anotaciones del profesor ­-reflejadas en la misma partitura o en papel a parte-, además de sus consejos que, al confiarse a la memoria, por lo general, suelen disolverse en el olvido.
  3. Por lo general, las familias no ayudan a sus hijos por creer que para poder hacerlo necesitan tener conocimientos musicales -algo que la mayoría de ellas no poseen-, aunque con una mínimas indicaciones de organización y gestión del estudio las familias pueden realizar un eficaz apoyo en este ámbito, sin necesidad de tener conocimientos musicales.
La habitual impaciencia de algunos estudiantes en conseguir resultados inmediatos es una costumbre que conduce hacia la adquisición de hábitos perjudiciales y deficiencias de toda especie, al sacrificar la cuidada ejecución instrumental por el espejismo de una confusa e imprecisa ejecución a tempo de la obra objeto de estudio. Errores de lectura -altura, ritmo, métrica, digitación, articulaciones, dinámica…-, imprecisiones de todo tipo, desigualdades y todo un conjunto de imperfecciones se suceden cuando la primordial y más inmediata meta a conseguir por el estudiante, en el mínimo tiempo posible, es ejecutar la obra a velocidad. Los defectos así generados y no corregidos adecuada y oportunamente se convierten automáticamente en “zonas de riesgo”, cuya resolución se hace más que improbable por haber fomentado, alimentado y arraigado malos hábitos, desde posturales hasta interpretativos, pasando por una gama interminable de deficiencias musicales, con las ineludibles consecuencias emocionales que de ello se pueda derivar como la inseguridad, la imprecisión, el desánimo, la insatisfacción o, incluso, la desmotivación por el estudio del instrumento.

Cuando el estudiante, convencido de la gravedad del problema, determina corregirlo después de haber mal empleado grandes cantidades de tiempo de estudio, se encuentra con la aparición de otra dificultad, quizás mayor: la automatización del fallo, cuya corrección es siempre costosa en esfuerzo y tiempo.

Veamos, si hacemos un cálculo del tiempo real que el estudiante emplea en poner una obra a velocidad, sin atender a los pormenores técnicos y musicales, y le agregamos las horas necesarias para localizar y corregir satisfactoriamente el enorme volumen de deficiencias derivadas de esa incorrecta forma de estudio, el resultado es una exagerada desproporción entre el tiempo de estudio empleado y el rendimiento conseguido.

Por el contrario, si el sistema de trabajo utilizado está basado en la planificación y en la reflexión mediante el empleo de técnicas específicas y aplicaciones sistemáticas e inteligentes de estudio, a pesar de su aparente falta de eficacia o de la lentitud con que puedan percibirse resultados evidentes, finalmente el estudiante ha de rendirse ante la evidencia y aceptarlo como el método más rápido, al proporcionar un alto rendimiento y la consecución impecable de objetivos. Pero no sólo eso, pues el carácter preventivo de esta propuesta metodológica evita tener que pagar “tributo”, es decir, permite ahorrar el tiempo extra necesario en la resolución de los errores derivados de una práctica mecánica e irreflexiva. Igualmente, la aplicación de un buen sistema de estudio evita las mencionadas variantes emocionales -inquietud, desánimo, frustración, desmotivación…- que pueden perturbar al estudiante o incluso apartarlo de su aprendizaje instrumental.­

Uno de los sistemas de trabajo más populares entre los estudiantes consiste, casi exclusivamente, en repetir sistemáticamente la obra -o, en el mejor de los casos, un pasaje- una y otra vez hasta conseguir un cierto grado de dominio. Al igual que en cualquier disciplina en la que uno de los objetivos a conseguir es la destreza motriz, es evidente la necesidad del trabajo repetitivo en el estudio y aprendizaje de un instrumento. Sin embargo, cuando su aplicación se hace en forma indiscriminada, tanto en pasajes que así lo requieren como en otros que no, esta práctica se torna inadecuada e ineficaz. Por tanto, la fórmula repetitiva de estudio es apropiada cuando deliberadamente se quiere interpretar la obra completa para dar unidad y coherencia técnica y expresiva a la misma, y también cuando se aplica a pasajes, secuencias o fragmentos de la obra que han sido previamente reconocidos y delimitados como zonas de riesgo, debido a las irregularidades o deficiencias que se producen al ejecutarlas. Al reconocer una zona de riesgo, inmediatamente se debe someter a un exhaustivo análisis de la posible causa o causas que provocan tal irregularidad, ya que a veces la solución no está en el adiestramiento motriz sino en cualquier otro aspecto insospechado como un cambio de digitación, por ejemplo.

Es fácil, por tanto, observar que la resolución de un problema no estriba necesaria y únicamente en la insistente repetición del pasaje donde existe alguna dificultad, o en el que se fallan determinadas notas, ya que el análisis de factores como la naturaleza de la dificultad, la posible causa que lo produce, la relación con el entorno musical próximo, la revisión de la métrica, del ritmo, de la melodía, del fraseo, de la postura de dedos, manos, brazo, tronco, pies, el análisis de la armonía o el contrapunto…, puede acercar más rápida y eficazmente a la solución del problema sin necesidad de recurrir a la simple y mecánica repetición sin sentido.

Y, para finalizar esta introducción, cuando al sistema de trabajo le añadimos ingredientes como la atención dirigida y el discernimiento, además de mucha paciencia, comienzan a desaparecer la monotonía, el automatismo y hasta el aburrimiento -típicas consecuencias generadas por el uso de un método de estudio no planificado-, dando paso a la satisfacción que proporciona el darse cuenta de que el tiempo y la dedicación empleados en la práctica diaria del instrumento se transforman en eficiencia y alto nivel de rendimiento.

JAC

NOTA FINAL: Para más información, además de la “Guía para el estudio pianístico”, el lector puede consultar mi libro Tocar un instrumento, 3ª edición, Sis i Sets dm, Valencia, 2014.


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jueves, 4 de agosto de 2016

"Los tres gusanos"

Después de un considerable lapsus de tiempo sin escribir, aprovecho las vacaciones estivales para retomar uno de los muchos borradores que tengo pendientes de desarrollar, y que corresponde con una reflexión sobre una lectura(1) que pude disfrutar precisamente durante unas vacaciones estivales, y en la que encontré el siguiente cuento:

LOS TRES GUSANOS

Érase una vez tres gusanos de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres eran: Pes, Rea e Ide. 


Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas... Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron cómo el capullo les aislaba del mundo conocido, de la seguridad de lo cotidiano.


En la oscuridad de su futuro tuvieron pensamientos distintos:


Pes se dijo a sí mismo que estaba viviendo el final de su vida, y en lo más profundo de su sentir se despidió de los buenos momentos.


Rea se dio ánimos diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad.


Ide sintió que aquello que le estaba ocurriendo podría ser la oportunidad para que se cumpliese su sueño más preciado: poder volar; y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.


Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas a la vez...


Pes era una bellísima mariposa, pero... estaba muerta..., había muerto de miedo. Rea era una preciosa mariposa pero..., a pesar de ello empezó a arrastrarse como cuando era gusano, y con satisfacción dio las gracias al Cielo por haber podido seguir igual. Ide, nada más ver la luz del día, buscó sus alas..., y al verlas su corazón rezumó de alegría, emprendió el vuelo y dio gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque.


Es probable que, al finalizar el cuento, hayáis deducido el apellido familiar de cada una de las mariposas, es decir, i Mista, Lista y Alista o, lo que es lo mismo, Pes i Mista, Rea Lista e Ide Alista-. Efectivamente, este corto cuento nos ayuda a tomar conciencia de tres actitudes tópicas y típicas del ser humano ante su propia realidad, y que la educación puede fomentar y alentar..., tanto a unas como a otras.

Una interpretación evidente del cuento es que el proceso vital de cada persona es una constante metamorfosis cuyo resultado final obedece a la predisposición de cada individuo a realizar su propio proyecto de vida. Evidentemente, en ese proceso, además de la predisposición del individuo, al producirse en el seno de una sociedad que es la nuestra, intervienen otra serie de factores que son determinantes para la calidad, profundidad y trascendencia de dicho proyecto vital. Y uno de ellos es la influencia educativa y más concretamente la educación musical, que es a la que me voy a referir en la siguiente reflexión.

De manera más concreta, las tres actitudes protagonistas del cuento constituyen una simplificación del complejo mundo interior de cada individuo, sin embargo, mi reflexión va encaminada a poner de manifiesto la responsabilidad del educador en descubrir la actitud predominante de cada alumno en cuanto a sus metas personales con el fin de potenciar la actitud idealista como máximo exponente de las posibilidades de excelencia de una persona e intentar desactivar actitudes que restrinjan, bloqueen o perviertan dichas potencialidades.

Es frecuente que los educadores -ya bien en el ámbito general o en segmentos muy particulares de la educación como la enseñanza de la Música- atribulados y agobiados por ese "mamotreto" de contenidos a desarrollar, evaluaciones que practicar y papeleo en el que desesperar,  y al que estamos sometidos al finalizar cada trimestre y al final de cada curso académico, nos olvidemos de atender nuestra cuota de responsabilidad en la cooperación a la creación del carácter del alumno o, dicho en términos más domésticos, en contribuir en hacer mejor personas a nuestro alumnado.

En ocasiones, los procesos académicos y los procesos internos de la persona están íntimamente ligados, por lo que el inadecuado rendimiento de un estudiante puede que no tenga nada que ver con lo académico y sí mucho con lo humano, lo social, lo familiar..., lo que nos lleva a pensar que si el docente no está atento a estas circunstancias, puede cometer graves errores que contribuyan a determinar un futuro indeseable para esa persona.

Hay muchos ejemplos que reflejan esta realidad, pero hay uno especialmente significativo, el caso de Gillian Lynne(2) cuya curiosa historia es utilizada frecuentemente por psicólogos de la educación y orientadores de todo el mundo para poner nombre propio a este tipo de circunstancias.

(...) La pequeña Gillian no conseguía alcanzar resultados aceptables en la escuela, cuya dirección llegó a escribir a sus padres una carta alertando sobre un posible trastorno de aprendizaje de la niña. Su madre la llevó a un psicólogo y le explicó su preocupación por la falta de atención en la clase, su incapacidad para concentrarse y mantenerse quieta. Tras escuchar a la madre, el doctor le dijo a Gillian que necesitaba hablar en privado con su madre un momento y ambos salieron del gabinete. El doctor le pidió a la madre que observase lo que la niña hacía mientras estaba sola, y vio que estaba bailando una canción que sonaba en la radio del gabinete. Tras observarla por varios minutos, el doctor hizo notar como Gillian era capaz de prestar atención a la música y concentrarse en seguir su ritmo, por lo que recomendó a la madre que la apuntase a una escuela de danza. Según declaró Gillian, "fue maravilloso encontrarse con tanta gente que no podía estar quieta y necesitaba moverse para pensar"(3).

En este caso Gillian tuvo suerte ante la providencial perspicacia del psicólogo pero, si no hubiera sido así, es muy probable que la solución a los "problemas" de la pequeña se hubiera limitado a un tratamiento a base de pastillas, lo que hubiera acabado con los verdaderos sueños de esa persona, su felicidad y la de sus seres queridos. En otras palabras, todas las ayudas -académicas, profesionales, familiares...- que a partir de ese momento Gillian recibió y que iniciaron su verdadera y deseada metamorfosis permitiendo su máximo grado de desarrollo personal y profesional, de otra manera hubieran llevado a esta persona a un estado lamentable de frustración que hubiera afectado implacablamente a toda su vida, circunstancia que, afortunadamente para ella, no ocurrió.

Los profesores no tenemos esa formación psicológica que permite aconsejar de manera profesional y acertada a casos como el de Gillian, y es una deficiencia clamorosa del sistema educativo en su fase de formación de futuros profesionales de la enseñanza musical, pero sí podemos esforzarnos en mostrar más sensibilidad y atención a la persona que es el alumno que tenemos ante nosotros, a su forma de expresar sus vivencias, sentimientos o emociones, considerando que no siempre esa comunicación es verbal, pues hay un lenguaje no verbal formado por gestos faciales y corporales, posturas, tono de voz, movimientos, distancia interpersonal, orientación de la mirada,  apariencia física..., que da mucha información fundamental de la persona si se sabe interpretar, información que el docente ha de procesar y transformar en guía adecuada para que la persona que es el alumno tenga todas las ayudas que estén a nuestro alcance para contribuir a sacar toda la riqueza que atesora en su interior.

Es algo a lo que nosotros, profesionales de la educación, no podemos -y utilizo este verbo a conciencia y de manera intransigente, diferenciándolo del debemos, que daría oportunidad a la permisividad- renunciar a cooperar con la familia y la escuela a formar mejores personas, aunque nuestra materia -la enseñanza musical- parezca alejada de esta meta, pues en realidad está mucho más cerca de ella que posiblemente otras disciplinas educativas por el simple hecho del ratio, especialmente en especialidades instrumentales, pues nos permite la posibilidad de estar mucho tiempo con el alumnado de manera individual o en pequeños grupos, pero también en determinadas fases del estudio, al exponer al alumnado al mundo emocional en el que se mueve la expresión musical; todo ello nos permite tener una información de primera mano de lo esbozado párrafos más arriba.

Sé, y lo he reiterado hasta el empacho en múltiples ocasiones que no tenemos formación psicopedagógica, y la poca que tenemos es por los años de docencia, por intercambio de experiencias con otros colegas, por asistencia a cursos o lectura/estudio de literatura especializada en esta materia, pero como en muchas otras ocasiones, me revelo contra las carencias formativas y ante la desidia docente para invocar con vehemencia a la vocación docente y, en su defecto, a la profesionalidad del profesorado para tomarnos más en serio esto de la diversidad humana y de la verdadera y apropiada atención personalizada que merece cada uno de nuestros alumnos.

Todos entendemos que somos diferentes, pero parece que en demasiadas ocasiones lo entendemos de manera teórica o de manera egoísta. Desde mi punto de vista -demasiado liberal o desproporcionado para muchos- es mucho más importante lo que haya mejorado el carácter y la sensibilidad de los miles de alumnos que pasan por nuestras aulas, que su supuesta formación profesional, al menos en el tramo en el que trabajamos los profesores de enseñanzas básicas y profesionales. No quiero que se interpreten mis palabras como una renuncia explícita a realizar nuestra parte formativa musical y artística -nada más lejos de la realidad-, sin embargo, la realidad es que la inmensa mayoría de los alumnos que pasan por nuestros conservatorios, no continúan de manera natural hacia las enseñanzas superiores, por lo que si nuestro empeño está solamente en esto, en preparar al alumnado para el ingreso en la enseñanza superior sea como fuere,  estaremos fracasando doblemente: como maestros en la educación del carácter y como profesionales de la música.

Es por ello que -además de colaborar estrechamente con la familia y de intensificar la interacción de los equipos docentes- el profesorado de la enseñanza musical tenemos en nuestras manos la noble tarea de fomentar en nuestros alumnos sus cualidades más visibles, "destapar" aquéllas más escondidas, inculcar valores como la responsabilidad, el respeto, el esfuerzo, la paciencia... cuyo resultado necesariamente tiene que llevar a una mejora personal y musical de nuestros alumnos.

Hermosa tarea, no exenta de una enorme responsabilidad, que de manera apasionada animo a abordar -o seguir avanzando en ella- a todos quienes tenemos el privilegio de desempeñar esta bella profesión.

JAC

(1) 23 Maestros de corazón, de Carlos González Pérez
(2) Gillian Barbara Lynne (Bromley, Inglaterra, 1926), bailarina, coreógrafa,  actriz, directora..., famosa por producciones icónicas como Cats y The Phantom of the Opera. En su larga carrera como coreógrafa y directora ha trabajado en varias producciones en Royal Opera House, Royal Shakespeare Company y English National Opera, así como en muchos espectáculos en West End y Broadway. 
(3) Ken Robinson (febrero de 2006). Do school kill creativity? TED talks. Consultado en septiembre de 2009.

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sábado, 31 de octubre de 2015

Ideario por la renovación pedagógica en las Enseñanzas Musicales


ANTES DE... (preámbulo)

No hace mucho tiempo, en una de las periódicas reuniones con algunos de mis más apreciados colegas del centro en el que trabajo, surgió un asunto que generó en unos instantes un entusiasmo desbordante poco común en el ámbito académico en el que suelo moverme; asunto que se resume en la siguiente consigna: ¡hay que hacer algo para sacar de la atonía pedagógica y organizativa en la que se encuentra nuestro conservatorio (léase: "nuestros conservatorios")

Cual agencia publicitaria en busca de la "idea fuerza" para una inminente campaña requerida por un cliente, y mediante una espontánea brainstorming ("lluvia de ideas"), comenzaron a aparecer las más inverosímiles, creativas y divertidas propuestas de labios de unos y de otros, intentando dar respuesta al "grito de guerra"

Finalmente, concluimos que la quimérica solución, si teníamos que ceñirnos a la "ranciedumbre" administrativa e, incluso, docente de algunos de nuestros propios compañeros, pasaba por hacer una segregación dentro del mismo conservatorio, es decir, hacer convivir dos conservatorios en uno: uno conservador,  y otro alternativo, innovador y reformista. Es evidente que esa idea quedó en la intimidad de nuestros alocados sueños pedagógicos..., no trascendió a la comunidad.

Sin embargo, ese germen que surgió en aquella inolvidable reunión, siguió creciendo en cada uno de nosotros, hasta que empezó a ver la luz de la viabilidad a través de un manifiesto en el que, en mayor o menor medida, colaboramos todos.

El ideario que a continuación presento es parte del proceso explicado más las aportaciones de más profesores y profesoras de otros centros y zonas geográficas del país que se han sentido identificados con la idea.

Espero que el contenido del documento sea de utilidad para todos los lectores de este blog, tanto si están de acuerdo, pues nos sentiríamos más arropados, como si no, pues al menos serviría para la reflexión y la crítica, siempre bien recibida si su intención es constructiva.


IDEARIO POR LA RENOVACIÓN PEDAGÓGICA 
EN LAS ENSEÑANZAS MUSICALES

La UNESCO, a través de la Hoja de Ruta para la Educación Artística de 2006 y la Agenda de Seúl de 2010, establece una serie de principios y orientaciones sobre políticas educativas de las que nuestro país se está apartando peligrosamente. Sin embargo, creemos que existen grandes posibilidades de revertir los efectos de estas políticas adversas en torno a la educación artística ampliando las posibilidades del trabajo en el aula. Por ello, un grupo de docentes de enseñanzas musicales realizamos una DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS y suscribimos una serie de COMPROMISOS con el fin de animar a otros profesores que piensen igual que nosotros a crear redes y propiciar los cambios “de abajo arriba”. Los principios son:

PRINCIPIOS

1. LA MÚSICA COMO MEDIO DE EXPRESIÓN, POR ENCIMA DE LA TÉCNICA
La técnica debe ser un medio y no un fin; el alumnado debe encontrar en la práctica musical un medio de expresión, aumentando sus posibilidades expresivas a medida que su técnica avanza. Realizando una revisión crítica del sistema en cuanto a su énfasis en formar alumnado homogéneo y con poca capacidad para aportar aspectos personales a su música.

2. LA CREATIVIDAD POR ENCIMA DE LA IMITACIÓN
Reproducir con arreglo a las convenciones estilísticas una obra escrita por un compositor es algo muy importante, pero no el único ámbito de las posibilidades del músico. No nos enseñan a hablar y a leer únicamente para reproducir textos de los grandes escritores. La lectura es importante, pero no es la única fuente para el músico. La capacidad de crear y de improvisar debe estar a la misma altura.

3. EL OÍDO ANTES QUE LA VISTA
Es paradójico que en una enseñanza como la musical, la capacidad de escucha esté en una posición secundaria frente a la capacidad de lectura. En demasiadas asignaturas los conceptos teóricos quedan aislados y el alumnado tiene serias dificultades para discriminar auditivamente gran parte de los contenidos trabajados de manera teórica o analítica.

4. VERSATILIDAD FRENTE A ESPECIALIZACIÓN PRECOZ
El perfil de músico mono-instrumentista cuya única competencia es reproducir de manera adecuada un determinado estilo de música encuentra difícil encaje en el entorno artístico del siglo XXI. La voz es un instrumento que todos deben desarrollar hasta donde puedan, también los diferentes estilos y, al menos un instrumento principal y uno secundario, pero dentro del principal, también pueden conocer otros usos de los mismos (estilos) o variedades (música antigua, música étnica,etc...). Debemos intentar formar músicos (más que instrumentistas) lo más versátiles posibles en sus etapas iniciales, ya que la especialización, de ser imprescindible, llegará en sus últimas etapas formativas.

5. EL CONJUNTO POR ENCIMA DE LO INDIVIDUAL
La mayoría de las virtudes de la música se dan en un entorno de comunidad. Por amplio que sea el repertorio solista del instrumento, la educación no debería estar basada en dicha concepción, sino en las amplias posibilidades que surgen al interactuar con otros músicos.

6. GENERAR ATENCIÓN A TRAVÉS DE LA MOTIVACIÓN
El ser humano tiene una capacidad innata de aprender, dicha capacidad se debilita cuando se le obliga a aprender lo que no quiere, o lo que se hace en el momento inadecuado. Lo que nos queda de nuestra etapa de aprendizaje no son los contenidos, sino las experiencias, las sensaciones que experimentamos cuando realizamos determinadas actividades. Sabemos hoy en día por la neuroeducación que la emoción es un elemento esencial en el aprendizaje y el profesorado debe jugar con ello. Debemos trabajar con la emoción y con la gamificación para alcanzar experiencias plenas en motivación. Además, es imprescindible que desarrollemos un aprendizaje significativo, un aula participativa y un autoconcepto del alumno inspirado en la autoestima a partir del esfuerzo gozoso.

7. LA FELICIDAD Y EL DISFRUTE EXPERIENCIAL POR ENCIMA DEL TEMOR
El futuro profesional de un alumno no debe convertirse en un fin, sino en una consecuencia de una pasión por la música y del máximo desarrollo de su potencial a través de experiencias positivas. El profesorado debe sentir la misma pasión y saber transmitirla al alumnado, evitando que su interés disminuya y le permita para el resto de su vida asociar la música al disfrute experiencial: escuchando, acudiendo a conciertos, interpretando o creando. También hay que aprovechar esa capacidad innata de mostrar su arte sin pudor ni miedo a las críticas ni al error, eliminar las sensaciones negativas que son el germen de los futuros traumas y del miedo escénico. La preparación para la actividad escénica y la capacidad para relativizar los errores debe estar tutelada siempre por el profesorado.

8. LA DIVERSIDAD POR ENCIMA DEL PROGRAMA ÚNICO
Nuestra misión es ayudar a que el alumnado desarrolle al máximo sus cualidades artísticas y musicales, no garantizar un nivel estándar de preparación técnica e interpretativa. Evitar el desahucio de alumnado que abandona sus estudios con sensación de fracaso por no saber adaptarnos a sus necesidades formativas. Para ello es necesario facilitarle herramientas para que construya su expectativas en torno a la música y, combinadas con sus cualidades, caminar con la mayor eficacia posible hacia el fin que hemos establecido como idóneo; permitiendo que el ritmo y la dirección del aprendizaje no sean uniformes y únicos.

9. INNOVAR Y COMPARTIR
Una de las facetas del profesorado en general es estar al tanto de las novedades pedagógicas y de otros ámbitos (tecnológicas, artísticas, etc..) para poder aplicarlas a la actividad docente. Un modo idóneo de poder acceder a ellas es convirtiéndonos en agentes facilitadores abriendo nuestras aulas y difundiendo aquellas actividades, repertorios, arreglos, metodologías, etc.. que puedan ser interesantes a otros docentes.

10. LA EVALUACIÓN AUTÉNTICA EN FUNCIÓN DE LAS COMPETENCIAS ESTABLECIDAS
Las competencias deben responder a los problemas reales que un músico debe resolver en cada momento según el curso que está realizando. Frente a una evaluación basada en la cumplimentación de un repertorio programado, apoyamos una evaluación continua basada en la adquisición de las competencias que concretan la capacitación de un alumno para resolver problemas musicales y para desarrollar roles necesarios. Defendemos una flexibilización curricular capaz de soslayar la estricta programación de repertorio así como la laxitud de programación de aula, de forma que garantice la adquisición de las competencias necesarias y el desarrollo de unos contenidos mínimos en concordancia con la evaluación auténtica. La evaluación modificará el qué y cómo de nuestra propia acción docente en el aula.

POR TODO ELLO, NOS COMPROMETEMOS A:

– RENOVAR PERIÓDICAMENTE LOS RECURSOS Y METODOLOGÍAS EN EL AULA, compartiendo al menos tres prácticas innovadoras por curso a través de plataformas de libre acceso y adquiriendo a través del conocimiento de buenas prácticas recursos que implementar en el aula.

– TRABAJAR DE MANERA TRANSVERSAL CON OTROS PROFESORES O CENTROS, rompiendo con la concepción clásica de la actividad escénica y buscando la actuación como fuente para desarrollar la creatividad, la expresividad y el amor a la música. Integrando siempre que sea posible aspectos de otras asignaturas como el repertorio de conjuntos en la clase de instrumento.

– FORMARSE en aspectos que nuestra formación y nuestra experiencia artística no nos ha cubierto y que son necesarios para el éxito de la docencia actual (TIC, improvisación, otros estilos, escenografía, guionización, inteligencia emocional, coaching..) fomentando la creación de grupos de formación, bien en el Departamento, bien en el Centro, bien a nivel intercentros.

– BASARSE EN LA MOTIVACIÓN COMO ELEMENTO FUNDAMENTAL, avanzando al máximo en el aula y minimizando los deberes; procurando que, la práctica en casa sea fruto del interés del alumno/a y no de la imposición del estudio.

– LLEVAR A CABO UNA EVALUACIÓN DE LA ACTIVIDAD DOCENTE diseñada para valorar estos parámetros que aquí proponemos y que recoja una valoración cualitativa por parte del alumnado, los padres y el resto del equipo docente. Usando dicha evaluación como fuente de mejora

– ABRIR EL AULA a docentes y personas interesadas en nuestro modo de trabajo.

– ATENDER A LA DIVERSIDAD DEL ALUMNADO, trabajando para conciliar niveles heterogéneos dentro de una misma aula y para gestionar las expectativas diferentes y cambiantes de cada persona durante su formación.

– AMPLIAR EL CONCEPTO DE EVALUACIÓN de la mera cumplimentación de un repertorio a un modelo que garantice realmente la adquisición de las competencias musicales adecuadas para cada momento educativo.

El propósito sería abrir una plataforma de recursos en las que todas aquellas personas que quieran suscribir el manifiesto y sus compromisos puedan facilitar y obtener materiales, ideas, metodologías u opiniones que permitan mejorar nuestra actividad docente y el servicio que nuestras enseñanzas ofrecen a la sociedad.

Algunos vídeos y materiales que reflejan este espíritu son estos:

PROMOTORES DEL MANIFIESTO

Antonio Espíldora / José Antonio Coso / Alfonso G. Chico / Bárbara Sela / Albert Sunyer: Conservatorios de Sevilla
Victoria Querejeta: CEP de Sevilla
Javier Campaña: Conservatorio de Osuna (Sevilla)
Elena Montaña: Escuela de Música de Tres Cantos (Madrid)
Adriana Cristina: Conservatorio de Gijón (Asturias)


           SI ESTÁS EN NUESTRA LÍNEA ¡DIFÚNDELO!, MUCHAS GRACIAS

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